Son otra vez estas malditas pastillas de invisibilidad lo que me tiene tan ausente del mundo. Antes me gustaba tomarlas, ahora sufro sus efectos sin siquiera acercarme a ellas.
Siento que pierdo tantas cosas qué decir simplemente por el hecho de que el instrumento con el que escribo simplemente no es el adecuado, pero es lo único que tengo a la mano y en las manos en este momento. ¿Será acaso que estamos frente a una tecnología perversa, de esas que contribuyen a que cueste cada vez un poco más de trabajo el expresarse y que sólo ayudan a recibir la información de aquellos que a pesar de estas penurias tecnológicas siguen pretendiendo estar por encima del resto y saturan todo lo que pueden el espacio virtual de los demás, aprovechándose de aquellos que ya han sido dominados por esta cultura de la presencia impersonal que progresivamente va convirtiendo a los habitantes de este planeta en insensibles espectadores? No lo sé, ni lo sabré, de eso estoy seguro; sin embargo, así se siente.
Ya nada importa. Aunque he resistido los embates, la realidad es que no ha sido de una forma estoica. Mientras más resisto más siento que voy a caer y más deseo que estos ataques terminen por materializar alguna fantasía por la cual valga la pena condenarse, por la cual esté justificado dejar de existir ante la imposibilidad de enmendar los errores porque sé que, sin importar lo que suceda, éstos nunca se enmiendan. No se puede regresar el tiempo, y no querría hacerlo en realidad. Una vez que algo se piensa, se dice, se escribe, entonces es. El ser humano no entiende que en realidad no tiene la capacidad de "des-hacer", por ello es que no es cuidadoso en lo que hace. Cuando hace mal y pretende repararlo, en realidad sólo puede hacer bien en otras circunstancias y lo único a lo que le puede apostar es a que el peso de su bien sea mayor al de su mal, que la trascendencia de lo positivo sea mayor que la de lo negativo. No se puede retirar una acción.
¿Por qué no he podido escapar? ¿Por qué no he cambiado? ¿Qué tiene que suceder? ¿Acaso no estoy formulando las preguntas adecuadas? ¿Acaso no existo fuera de mí mismo? ¿Acaso lo necesito? ¿Es que en realidad no me conozco? ¿Qué clase de éxito podría tener si decidiera que el camino a seguir es el más simple: el de la destrucción y la consecuente autodestrucción? ¿Acaso estoy ya muy viejo para ello?
Frente a mí una pareja parece estar discutiendo algo que ya no tendrá arreglo. ¡Cuan reflejado me siento! Yo he tenido esa expresión. ¡Qué poco tiempo ha pasado! ¡Qué repetitivo! ¡Qué adictivo! O ¿es acaso que mi habilidad, inteligencia, personalidad (o lo que sea) no dan para más? ¿Es que acaso las de alguien dan? Y si lo logran, ¿lo hacen sin mentir, sin ser absorbidos o sin absorber?
martes 13 de septiembre de 2011
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