Par la 2ème fois dans ce jour j'ai besoin d'ècrire... Par la 2ème fois dans ce jour, mais les circonstances sont tellement différentes, maintenant je suis un peu affecté car je suis sous l'éffet de la caféine, mais surtout sous l'éffet de Millás, et récemment d'Antonio Vivaldi aussi (j'écoute Les Quatre Saisons -l'été- et tôt l'automne... et l'hiver). En plus mainteant je suis dans un lieu commun et le matin j'étais chez moi.
Bueno ya basta, ese párrafo me llevó casi 3 minutos y el efecto de la cafeína va desapareciendo más rápido de lo que le conviene a mi inspiración. Al contrario del efecto del libro de Millás ("Lo que sé de los hombrecillos"), el cual creo que desaparecerá un poco más adelante.
Me declaro incompetente para comprender exactamente qué es lo que ocurre en esa novela, tal vez alguien que después de estudiar la carrera de Psicología se haya especializado en y ejercido el área clínica tendría una mejor perspectiva. De cualquier forma creo que el valor de la novela no es tanto el análisis psicológico que se pueda hacer del personaje principal, sino la identificación que pueda uno sentir con el mismo, y tal vez sea algo malo decir que hasta un cierto punto (un porcentaje bajo en realidad) yo sí me identifico con él. El punto en el que creo que la mayoría de las personas podrían identificarse, el sentimiento de estar cerca de perder el control, o más bien de dejar todo caer, de dejarse llevar por las necesidades más primarias y que esto continúe por un periodo prolongado de tiempo. Entenderán que terminar de leer un libro de estas características con cafeína en el cuerpo, un poco de dolor de cabeza y el 1er movimiento del Verano o el 1er movimiento del Invierno de Vivaldi en los oídos, pues acentúa un poco sus efectos... Tuve que sacar la lap del coche y escribir algo... Lo que fuera, pero tenía que escribir.
La idea era seguir avanzando con la "Conversación en la Catedral" del más reciente premio Nobel de Literatura, pero de alguna manera necesito que se me pase el efecto de la otra novela; son dos sabores distintos y creo que no se pueden mezclar tan fácilmente, aún no quiero interrumpir el buen sabor de boca que me ha dejado el libro de Millás, y no con esto quiero decir que no me vaya a dejar otro buen sabor de boca el de Vargas Llosa, pero insisto, son sabores distintos.
En realidad no quiero seguir analizando la novela, creo que podría terminar diciendo cosas de poco valor en cuanto a un análisis literario, pero la necesidad de seguir escribiendo no cesa. Supongo que puedo describir lo que observo a mi alrededor. Un desfile de modas y de actitudes que van de lo llamativo a lo plenamente ridículo. Ante todo sé que criticar este escenario es injusto de mi parte porque en realidad nadie me obligó a venir a observarlo, pero al mismo tiempo (y podría equivocarme rotundamente) el aspecto de las personas a mi alrededor me invita a pensar que la frivolidad es el común denominador de sus vidas. Tal vez sería interesante escuchar alguna de las conversaciones, pero creo que es más divertido imaginar qué es lo que están diciendo, claro que sería un ejercicio plenamente de proyección y sé que sería muy grosero al realizarlo, aunque no le quitaría un ápice de diversión al asunto.
Anyway, tal vez es más interesante preguntarse si alguna de estas personas ha visto a "los hombrecillos" (o "mujercillas" en cualquier caso). ¿Cuántos de ellos tienen que inventar una realidad paralela para no sentir que su vida está completamente vacía y que no "encajan" en este mundo? ¿Cuántos de ellos han decidido en algún momento de sus vidas dejarse llevar por los impulsos más básicos, hasta llegar al punto en que han "coqueteado" con la idea de asesinar algo, o a alguien? No porque ese alguien les haya hecho algo a ellos o a sus familiares o amigos, sino simplemente por la expectativa de que tal experiencia les resulte excitante y repugnante al mismo tiempo... Son demasiado ordinarios, si me preguntan a mí, o al menos así se ven, pero uno nunca sabe.
Otra necesidad básica, he tomado muchos líquidos, tengo que interrumpir, aparte estoy en un lugar que no tiene una toma de corriente eléctrica cercana, por lo que de todas formas tarde o temprano habría tenido que retirarme.
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sábado, 19 de marzo de 2011
domingo, 6 de febrero de 2011
Te quiero convencer
Hay cosas que no me crees, o ¿será que en realidad debo ir entendiendo desde este momento que son cosas que no quieres creer? Tiene su lado bueno, supongo, pero también su lado malo ser el color más cercano al tono, o más bien algo parecido (¡el más cercano tampoco estaba disponible!).
En alguna ocasión pensé que todos los pasadizos de esta vida serían sencillos. Desde chico siempre fui llevado de la mano ante todo obstáculo. La posibilidad de ser alguien distinto de quien soy, el par de veces que he estado cerca (no tanto en realidad, pero sí, cerca) de la muerte. No me cuesta trabajo reconocer que tuve una ayuda extra en el camino.
Todo me lleva a seguir jugando con la idea del equilibrio en la vida. Todo lo bueno que recibí me dio la idea equivocada de la vida. Recibí demasiado y gracias a eso ahora brinco de un pie al otro porque tanta ayuda me malacostumbró y me volví frágil. Brinco de un pie al otro porque juro que parece que la línea misma se mueve, no hay un punto real de apoyo, o al menos en verdad algunas veces parece no haberlo.
Todo lo que sé opera en mi contra porque todo el mundo es distinto. Eso lo entendí muy tarde, cuando ya mis esquemas estaban formados. Ahora ya no sé quién está mal. Lo que sé es que necesito protegerme con la idea de ser alguien que no soy.
Tú eres genial, tanto que a veces imagino que tienes un potencial tan grande que en realidad me parece que me quedas a deber; sin embargo, sólo me toma un par de minutos recordar que lo cierto es que no te conozco, y que no te conoceré. Vienes dentro de una burbuja, eres el reflejo de un espejo que distorsiona la realidad, eres una versión de ti misma, estás encapsulada en una idea que elegiste para ti misma, pero cuyos límites en realidad no conoces, los vas definiendo de acuerdo a las personas que te rodean.
¿Solución salina? ¿Un placebo? Soy una inyección potente de una substancia que se emplea para que nada cambie, para que todo siga igual.
En Monterrey se acercan días que parecen tener el propósito de generar una inestabilidad en los organismos. Tener un día una temperatura mínima de 1°C, y una máxima de 30°C parece inverosímil, pero hasta los elementos tienen sus deseos.
Fljótávik: es genial. Californication: sigo esperando, faltan unas tres horas... Tendrá que ser hasta mañana... Mañana día para trabajar cuando casi nadie lo hará. Un día más para tratar de recuperar terreno ante lo que parece una inexorable desviación al plan de vida (que en realidad nunca planeé, lo cual probablemente originó el problema) tranquila y agradable que nunca tuve más que por sentado.
Tengo una rara combinación de comportamientos exijo mucho y doy poco, o todo lo contrario. No encuentro el equilibrio. No es que no me conozca, es que no quiero reconocer quién soy y cómo soy. En realidad no te quiero engañar a ti, ni a nadie, es sólo que se cruza la gente en mi camino cuando -como todos los días- trato de engañarme a mí mismo, lo cual -lamentablemente- hago con notable éxito.
Todo esto podría tener sentido si no fuera porque creo que ya me ha afectado el increíblemente fuerte olor a pintura y thinner porque la casa tiene que cambiar de color.
Yo tengo que cambiar de vida, en realidad no me acomodo a lo que me tocó ser, no puedo ponerlo bajo control, mi persona no trabaja para mí, no me ayuda, sólo vive, vive y escoge, y cada vez más frecuentemente, se equivoca.
En alguna ocasión pensé que todos los pasadizos de esta vida serían sencillos. Desde chico siempre fui llevado de la mano ante todo obstáculo. La posibilidad de ser alguien distinto de quien soy, el par de veces que he estado cerca (no tanto en realidad, pero sí, cerca) de la muerte. No me cuesta trabajo reconocer que tuve una ayuda extra en el camino.
Todo me lleva a seguir jugando con la idea del equilibrio en la vida. Todo lo bueno que recibí me dio la idea equivocada de la vida. Recibí demasiado y gracias a eso ahora brinco de un pie al otro porque tanta ayuda me malacostumbró y me volví frágil. Brinco de un pie al otro porque juro que parece que la línea misma se mueve, no hay un punto real de apoyo, o al menos en verdad algunas veces parece no haberlo.
Todo lo que sé opera en mi contra porque todo el mundo es distinto. Eso lo entendí muy tarde, cuando ya mis esquemas estaban formados. Ahora ya no sé quién está mal. Lo que sé es que necesito protegerme con la idea de ser alguien que no soy.
Tú eres genial, tanto que a veces imagino que tienes un potencial tan grande que en realidad me parece que me quedas a deber; sin embargo, sólo me toma un par de minutos recordar que lo cierto es que no te conozco, y que no te conoceré. Vienes dentro de una burbuja, eres el reflejo de un espejo que distorsiona la realidad, eres una versión de ti misma, estás encapsulada en una idea que elegiste para ti misma, pero cuyos límites en realidad no conoces, los vas definiendo de acuerdo a las personas que te rodean.
¿Solución salina? ¿Un placebo? Soy una inyección potente de una substancia que se emplea para que nada cambie, para que todo siga igual.
En Monterrey se acercan días que parecen tener el propósito de generar una inestabilidad en los organismos. Tener un día una temperatura mínima de 1°C, y una máxima de 30°C parece inverosímil, pero hasta los elementos tienen sus deseos.
Fljótávik: es genial. Californication: sigo esperando, faltan unas tres horas... Tendrá que ser hasta mañana... Mañana día para trabajar cuando casi nadie lo hará. Un día más para tratar de recuperar terreno ante lo que parece una inexorable desviación al plan de vida (que en realidad nunca planeé, lo cual probablemente originó el problema) tranquila y agradable que nunca tuve más que por sentado.
Tengo una rara combinación de comportamientos exijo mucho y doy poco, o todo lo contrario. No encuentro el equilibrio. No es que no me conozca, es que no quiero reconocer quién soy y cómo soy. En realidad no te quiero engañar a ti, ni a nadie, es sólo que se cruza la gente en mi camino cuando -como todos los días- trato de engañarme a mí mismo, lo cual -lamentablemente- hago con notable éxito.
Todo esto podría tener sentido si no fuera porque creo que ya me ha afectado el increíblemente fuerte olor a pintura y thinner porque la casa tiene que cambiar de color.
Yo tengo que cambiar de vida, en realidad no me acomodo a lo que me tocó ser, no puedo ponerlo bajo control, mi persona no trabaja para mí, no me ayuda, sólo vive, vive y escoge, y cada vez más frecuentemente, se equivoca.
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