Sé que es un tema delicado. Sé que cosas que diré para mucha gente representarán una exageración y para otros tal vez resulte doloroso e incluso ofensivo. A otros no les importará. A todos los conozco y los quiero, así que sólo quiero que sepan que en ningún momento es mi intención ofender a nadie, sino simplemente describir –tal vez de una muy pobre manera- aquello que tengo alrededor y que me llena de orgullo y alegría*.
Son las 7:10 am del día martes 24 de noviembre de 2009. Me levanté al baño hace unos 10 minutos, pero esta vez había otra necesidad básica aparte de aquella de descargar la vejiga y de aquella de la limpieza dental. Hoy tenía la necesidad de ver sus rostros y confirmar algo que en realidad ya sé: Ya son 36 y son muy felices.
Y es que creo que en estos casos el tiempo sí es importante, pero más importante es cómo llegas, qué tan satisfecho estás, qué tanta alegría reflejas. Y aquí hay que tener cuidado, cuando digo “qué tan satisfecho estás” me refiero a con lo que has entregado y no sólo a con lo que has recibido.
En fin que hoy me levanté -un poco dormido aún- ellos ya salían de la casa rumbo a las actividades diarias, apenas los alcancé. Hice un sonido con la boca para llamar su atención, porque andaban –como siempre- muy metidos en no olvidar nada, en ir bien abrigados, etc. Ambos voltearon a verme para recibir lo que ya sabían sería un “beso botado” a manera de felicitación…
Lo que me encontré fueron un par de sonrisas, un par de “besos botados” más y un par de miradas de esas que los adolescentes no encuentran en las mujeres de sus sueños, sean compañeras de la escuela, modelos, cantantes o actrices; de esas que las adolescentes no encuentran nunca en los “galanes” de sus telenovelas y películas favoritas; de esas que las niñas no encontrarán jamás en ningún cuento de hadas, ni en las princesas ni en los príncipes que suelen protagonizarlas; de esas que muchas veces tampoco encontramos en aquellos que en el fondo creen no haber tomado la mejor decisión hace 3, 15, 30, etc…
Me encontré con las miradas y las sonrisas de 2 que saben que tomaron la mejor decisión hace 36 años cuando al decir “Sí” despertaron del sueño que tenían de estar juntos toda la vida para escribir la historia de lo que hoy es su realidad; hace 35, 33 y 30 años cuando vieron nacer a sus hijos; hace casi 15 años cuando la felicidad de otro año juntos se vio sacudida por el comienzo de una muy difícil prueba; hace más de 7 cuando se casó su hija, hace casi 6 cuando junto con su hija y toda la familia celebraron el nacimiento de su adorada nieta; hace 2 y hace más de 3 años cuando sus hijos partieron porque se mudaban a otra ciudad; hace un mes que tal vez recibieron una mala noticia por parte de alguno de sus hijos; ayer que fue un gran día; hoy que parece que también lo será; momentos buenos y malos que tienen una sola conclusión: esperar a despertar juntos mañana y muchos mañanas más para seguir tomando la correcta decisión de amarse, simplemente amarse.
Andy y Tere, Tere y Andy.
¡Gracias y que muchas felicidades estén aún por venir!
*Menciono que me llena de orgullo y alegría no sólo porque estoy hablando de mis padres, sino porque en realidad es tan poco común ver gente así –lamentablemente- que simplemente como ser humano resulta muy afortunado poder presenciar esto. Digamos como la gente que pudo ver el eclipse del ’91 o el paso del cometa Halley en el ’86.
